¿Cómo enfrentar la apatía de la tercera generación de una iglesia?

¿Cómo enfrentar la apatía de la tercera generación de una iglesia?
Por: Josué David Zapata Vázquez
Como entiendo que el título de este escrito le pudiera parecer desconocido le daré un trasfondo cuando me refiero a la apatía de la tercera generación de una iglesia. En el libro “El Plan del Señor para la Iglesia”, el Pastor John MacArthur escribe la siguiente:
“Parece que todas las iglesias suelen seguir la misma pauta de crecimiento y decadencia. La primera generación lucha por descubrir y establecer la verdad. La Grace Community Church ya pasó por esa etapa; los primeros años fueron un tiempo de descubrimiento y establecimiento de la verdad. La segunda generación lucha por mantener la verdad y proclamarla. Nosotros también lo hemos experimentado en nuestra iglesia. Todo lo que hemos aprendido lo hemos puesto en libros y en casetes. Hemos entrenado a otros para que sirvan como pastores, para que salgan y empiecen a enseñar a otros. Les hemos dado a conocer a otros pastores lo que hemos aprendido. No obstante, a la tercera generación de una iglesia le importaba poco todo eso. ¿Por qué? Puesto que ellos no participaron en las luchas de las dos primeras generaciones, no sienten que tengan allí nada en juego. Tienden a dar por supuestas las cosas que ya han sido establecidas.” (pp.19-20)
A esto nos referimos cuando hablamos de la apatía de la tercera generación de una iglesia. Es plantada una iglesia comenzando como una misión, luego con mucho esfuerzo y sacrificio la congregación va creciendo tanto en tamaño como en conocimiento bíblico hasta llegar a convertirse en una iglesia establecida. Esa primera generación va descubriendo y estableciendo las verdades que semana tras semana van encontrando en la Palabra de Dios. Se va definiendo con el tiempo los artículos de fe que dan forma a la fe y práctica de la iglesia, se van estableciendo quienes son llamados por Dios al liderato de esa iglesia y se trabaja arduamente en la evangelización de una nueva generación.
Esta primera generación va levantando y discipulando a una nueva y saludable generación en la Palabra de Dios. Esta segunda generación que se levanta celebra los logros de la primera generación, mantiene y proclama con pasión las verdades que les han sido enseñadas. Adoran a Dios por tener una base sólida donde criar a sus hijos y una iglesia que tiene una columna sólida en su liderato. Entonces llega una tercera generación sea a través de los hijos o del alcance evangélico de la segunda generación que va entrando a la iglesia. Esta tercera generación se levanta apática e indiferente debido a que no experimentaron las pruebas y dificultades que vivieron tanto los de la primera como los de la segunda generación que han tenido el trabajo arduo de descubrir, establecer, mantener y proclamar la verdad de Dios que les ha sido revelada a través de la Palabra.
Mientras la primera generación se frustra por ver la indiferencia de una generación que no atesora el trabajo realizado, la segunda sin entender el origen de esta apatía comete normalmente el error de ceder un poco de la verdad que les fue enseñada haciendo de la vida de la iglesia una de mayor entretenimiento y menos verdad de Dios proclamada. No siendo esta su intención, logran acrecentar la indiferencia y apatía de esta tercera generación pues no entienden que de la única forma que esto puede ser erradicado es a través del poder del Espíritu Santo de Dios. El Pastor MacArthur continúa diciendo:
“Es absolutamente esencial que una iglesia se vea a sí misma como una institución establecida para la gloria de Dios. Me temo que la iglesia en los Estados Unidos ha descendido de ese elevado propósito y se ha enfocado en cambio en la humanidad. Hoy la iglesia parece pensar que su meta es ayudar a las personas a sentirse mejor acerca de sí mismas. No les ofrece a las personas otra cosa que placebos espirituales. Se enfoca en la psicología, en el amor propio, en el entretenimiento y en otras mil diversiones para tratar de satisfacer esas necesidades.” (pp. 23)
Sin embargo, en otros casos la segunda generación se mantiene fiel a lo enseñado pero mantiene elementos de tradiciones, formato y estilo que en nada tienen su origen en la Palabra de Dios, sino que fueron elementos establecidos por la primera generación y que logran distraer a la apática generación empujándolos a salir de dicha iglesia para toparse con una de dos cosas: una lugar entretenido pero cristiano donde reunirse o un lugar donde comiencen a ser la primera generación de una iglesia verdadera. Algunos de la tercera generación se mantienen en la congregación pero logran vivir de una manera que se ven a sí mismos como espectadores que nacieron para criticar todo lo que los demás hacen sin unirse a poner manos a la obra.
Este ciclo no solamente lo vemos a nuestro alrededor sino que también lo podemos ver en la historia del pueblo de Israel. Moisés podría verse como aquel que como primera generación liberta al pueblo del yugo opresor, los guía al comienzo de la tierra prometida y establece una nación poderosa. Moisés delega en Josué que representa una segunda generación para que guíe finalmente al pueblo a la tierra prometida y proclame la ley de Dios que fue establecida en el monte de Dios. Luego de Josué entra una época de indiferencia donde dice la Palabra que: “cada uno hacía como bien le parecía.” El ciclo de los jueces comienza, terminando siempre en la idolatría y la lejanía del pueblo hacia Dios. Solo cuando una generación se arrepentía de sus pecados, de su apatía y su indiferencia era que el pueblo comenzaba de nuevo a vivir para glorificar a Dios.
Entonces la pregunta que surge es la siguiente: ¿Cómo la iglesia de Cristo debe enfrentarse a la apatía de esta tercera generación? La respuesta no será sencilla pues hay problemas complejos que debemos enfrentar. Primeramente, debemos evaluar si esta tercera generación que se levanta son verdaderos cristianos lo que muy probablemente no son. Este problema es debido a que la segunda generación aprendió los estilos y las maneras de la primera generación sin desarrollar sus propios estilos y maneras de trabajo. Entonces aprendieron a proclamar el evangelio sin entenderlo realmente haciendo una generación nueva que no conoce realmente a su Dios. Olvidan que el trabajo espiritual se hace espiritualmente orando y pidiendo la ayuda al Señor para todo asunto. Podríamos tomar la imagen del maná a través del cual Dios alimentaba al pueblo de Israel. Cada día debían recoger el maná y solamente podían recoger doble para comerlo en el día de reposo. Sin embargo, si guardaban para otro día que no fuese el designado, el maná se fermentaba. Asimismo la segunda generación, si continua usando los métodos y estilos de la primera generación, con el tiempo se vuelve una iglesia seca y una religión vacía.
Jesucristo utilizaba objetos, imágenes y oficios de la época para transmitir el mensaje a esa generación. Nosotros estamos llamados a utilizar esos mismos objetos, imágenes y oficios de manera que los creyentes de nuestra época puedan viajar en su pensamiento a través del tiempo y entender a lo que Jesucristo se estaba refiriendo. Además es posible que podamos añadir de manera sabia y sin exagerar, imágenes de nuestra propia época para mostrar el mensaje de la Palabra que nunca se pondrá antiguo. No debemos buscar copiar las imágenes y el estilo utilizado por la generación que nos precedió en la iglesia porque Dios se lo dio con el propósito de alcanzar la generación pasada dentro de su contexto. Así nosotros debemos buscar, escudriñar y orar para que Dios avive y despierte los sentidos de esta nueva generación dándole apetito para escuchar Su Palabra y una pasión por tener una relación estrecha con el Señor que solo puede darse en el contexto de un nuevo nacimiento dado por el poder soberano de Dios.
En segundo lugar, hay unas verdades que no deben cambiar con cada generación y que son la columna que sostiene a la Iglesia. Son verdades que si alguna de ellas es eliminada, la iglesia podría sufrir el peligro tanto de la falsa doctrina como de una iglesia se convierte en un mero club social. Hay ciertas verdades que una iglesia tiene que creer y sostener firmemente si quiere tener una estructura sana y fuerte. Son verdades inalterables y que nunca pueden ser negociadas ni comprometidas bajo ningún concepto: La iglesia tiene que tener una visión elevada de Dios y tiene que tener como propósito conocerle, debe tener un alto concepto de la autoridad absoluta de las Escrituras, por consiguiente debe seguir la sana doctrina, debe caminar en santidad personal y finalmente la iglesia debe ser la autoridad espiritual en donde cada creyente se sujete a sus pastores que a su vez se sujetan a la cabeza que es Cristo Jesús.
El problema real está cuando la segunda generación en su propósito de mantener estas verdades esenciales, las proclama de una manera que la tercera generación no sufre ningún esfuerzo para escucharlas y entenderlas. Me explico. Tomemos de ejemplo la verdad inalterable de la autoridad absoluta de las Escrituras. Nosotros como una segunda generación podemos predicar, enseñar, dar talleres y ofrecer maneras para que la próxima generación entienda la autoridad absoluta que tienen las Escrituras pero muy probablemente como ellos no han vivido esa verdad en sus corazones ni han sufrido el dolor de arrepentirse ante la verdad divina de que son pecadores, ven con indiferencia cualquier verdad que les sea enseñada. Entonces tratamos de hacer cosas dinámicas para enseñarles esta verdad y lo que recibimos es mayor apatía que antes. Este problema no se resuelve de esa manera sino a través de que esta segunda generación se re-enfoque, se renueve y se re-establezca para convertirse nuevamente en una primera generación.
Para que una segunda generación se convierta en una primera generación primeramente tienen que pasar por las mismas dificultades y pruebas que pasaron los de su primera generación. Si es necesario, habrá que salir del templo cómodo que construyeron los que nos precedieron para ir a buscar almas para Cristo. Y aunque no lo quieran, la tercera generación debe acompañarles para que, aunque con su apatía no deseen estar allí, vean poco a poco los milagros de salvación que Dios va obrando a través de la predicación de su Evangelio. Tanto la segunda generación de una iglesia como la tercera tienen que sufrir las penalidades y esfuerzos que sufrieron la primera generación para que la apatía vaya disminuyendo mediante el poder de Dios a través de su Espíritu Santo. El error sería querer enseñarle a una generación que se levanta algo que después no harán en la práctica fuera del templo. Jesucristo les enseñaba a sus discípulos mientras caminaba por las ciudades predicando el evangelio del arrepentimiento y perdón de pecados. Un pastor de segunda generación tiene la responsabilidad de caminar y enseñar como Cristo, con las acciones que sellaban sus Palabras.
En tercer lugar, debe haber un liderazgo bíblico. El pastor MacArthur dice al respecto lo siguiente:
“Las personas me preguntan a menudo cuál pienso yo que es el secreto del desarrollo de la Iglesia Grace Community durante las últimas dos décadas. Siempre les digo que, por encima de todo, es Dios quien determina los que son miembros de una iglesia y que los números por sí mismos no son garantía de éxito espiritual. Sin embargo, en medio de un tremendo crecimiento numérico, la vitalidad espiritual de nuestra iglesia ha sido notable. Estoy convencido de que Dios nos bendice sobre todo a causa de que los miembros están comprometidos a promover un liderazgo bíblico. Al afirmar y emular el ejemplo piadoso de nuestros ancianos, la iglesia ha abierto la puerta para recibir bendiciones extraordinarias de la mano de Dios.” (pp.15)
El error que comete la nueva generación que se levanta en una iglesia es la de emular el sistema de un solo pastor que dirige una congregación. Para una primera generación que está comenzando, este modelo podría serles útil por el poco número de miembros que la iglesia tiene en sus comienzos. Pero conforme vaya creciendo la iglesia en número, no se puede mantener este sistema ya que bíblicamente Dios nos llama a tener pluralidad de ancianos o pastores. Cuando una tercera generación ve una iglesia grande con un solo pastor, primeramente lo que ve es que no habrá cabida para ellos dentro de un futuro liderato. En cambio cuando ven varios pastores y varios diáconos, entonces podrán verse reflejados como sucesores de aquellos que están actualmente ejerciendo esos dones. Pedirán al Señor que les capacite para trabajar mano a mano con ellos, serán enseñados y discipulados por ellos y finalmente podrán integrarse al servicio y el trabajo que Dios les ha llamado a hacer, convirtiéndose así en una nueva generación que levanta otros líderes para servir. El pastor John MacArthur sigue diciendo:
“¿Es el pastorado un trabajo en equipo? Toda la información bíblica indica claramente que el pastorado es un esfuerzo en equipo. Es significativo que en todo lugar donde se usa el término presbíteros aparece en plural, excepto en los casos en que el apóstol Juan lo emplea sobre sí mismo en 2 y 3 Juan y en donde Pedro también lo usa acerca de sí mismo en 1 Pedro 5:1. La norma en la iglesia del Nuevo Testamento era una pluralidad de ancianos. En ninguna parte en el Nuevo Testamento hay una referencia a una congregación con un pastor. Eso no quiere decir que no hubiera alguna, sino que no aparecen mencionadas. Es significativo que Pablo dirige su epístola a los Filipenses “a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos[pl., episkopoi] y diáconos” (1:1). (pp. 206)
La manera bíblica de liderazgo escasea en la mayoría de nuestras iglesias. Esto es debido en ciertos contextos a una mala interpretación de las Escrituras. En algunos casos, los diáconos comienzan a verse como dueños del pastor cuando la Biblia los ha llamado para servir a los pastores. En otros casos, un pastor único se ve como el modelo erróneo de un sacerdote que intercede ante Dios por los pecados y las oraciones del pueblo, cuando ya ese modelo ha sido abolido y cumplido por el Sumo Sacerdote que es Cristo. Algunos hasta se ven a sí mismo como dueños de la congregación cuando en realidad el Pastor con P mayúscula y Obispo de nuestras almas es Jesucristo. El pastor de una segunda o tercera generación debe buscar levantar otros líderes dentro de la congregación que tengan el llamado pastoral de parte de Dios y la aprobación de la congregación para servir con él mano a mano. Deberá además buscar como reunir a ciertos líderes que vaya viendo dentro de su congregación para discipularlos, alentarlos y orientarlos conforme van caminando en los respectivos ministerios. Aunque tenga frustraciones, decepciones y traiciones en medio de este trabajo, tendrá la satisfacción de que estará preparando una nueva generación que sean los futuros pastores y diáconos de esa congregación.
En conclusión debemos entender el peligro que tenemos cuando una tercera generación de una iglesia se levanta como los futuros líderes de una congregación. En primer lugar, estos líderes no tienen la fortaleza y madurez moral para mantenerse fieles a la congregación. En segundo lugar, tampoco tienen la capacitación necesaria para enseñar a otros y por consecuencia permitirán que entre a la congregación falsas doctrinas y falsos maestros que destruirán el rebaño sin piedad. En tercer lugar, algunos de ellos caerán en pecados de infidelidad matrimonial, en otros casos caerán en pecado de orgullo dictatorial y otros casos se verán forzados a moverse de congregación. Con este escrito lo que buscamos es evitar con voz de alarma este gran mal que está carcomiendo nuestras congregaciones y que las futuras generaciones estén apercibidas del peligro que esto conlleva.
Oremos al Dios de la mies para que siga enviando obreros a cada generación que se levanta para que el pabilo que humea de cada iglesia se mantenga vivo, quebrantando vidas y trayéndolas a los pies de Cristo Jesús. Oremos al Señor para que se levante una pluralidad de pastores en cada congregación que cuiden del rebaño de los ataques que cada día reciben de parte de la falsa doctrina y los falsos maestros. Oremos al Dios Todopoderoso para que tengamos una visión clara con los niños y jóvenes que se van levantando no para darles un lugar cómodo para estar, sino que al contrario les permitamos pasar por las mismas dificultades y situaciones que nosotros y la generación pasada pasaron para estar donde estamos. Queda entonces en vuestras manos, amados hermanos, las recomendaciones aquí hechas. Todo error cometido en este escrito es de mi absoluta responsabilidad, pero cualquier edificación o bendición recibida a través de este escrito le pertenece a nuestro Dios quien ha sido el que nos ha inquietado en este asunto. Solo a Dios sea la Gloria por los siglos de los siglos. Amén.
© Por Josué David Zapata Vázquez. Ministerio CristoRocaFirme. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
Filed under: John MacArthur, Reflexión on March 26th, 2010
Es una verda lo que expones en tu articulo. Y elproblema es que no trabajamos para prevenir que eso suceda. Muchas veces dejamos la enseñanza de las verdades biblicas solo para el pulpito y nunca lo llevamos a un estilo de vida a traves del discipulado que es donde se transmite los principios y el caracter del Señor. Si queremos que las generaciones subsiguientes sigan con la misma pasion debemos trabajar con la generacion de ahora y eseñarle a que transmitan ese legado doctrinal a las siguientes y asi asegurar una pureza doctrinal. Seria muy bueno tomar como ejemplo los judios como sus ensenanzas eran pasada de una generacion a otra hasta nuestros tiempos.
Has sido preciso al describir como erroneas interpretaciones de liderazgo causan desastres en el desarrollo de las congregaciones. Una tercera generacion sera totalmente apatica al llamado de un pastor de primera generacion (o fundador) que les quiera imponer su cultura religiosa y vision de como hacer las cosas.
La falta de humildad bloquea muchas bendiciones y aleja almas del camino de salvacion.