“…sino que en la ley de Jehová está su delicia” Salmos 1.2

Archive for January, 2008

Uno Crece 


Imposible atravesar la vida …

Sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud,

sin que un amor nos abandone,sin que nadie de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe

Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo para vivirla, Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir.

Crece cuando se supera, se valora, y sabe dar frutos.

Crece cuando se abre camino dejando huellas, asimilando experiencias,
¡Y sembrando raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos
ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes, cuando cumple con su labor.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación,
sensible por temperamento… ¡Y humano por nacimiento!..

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores…
¡Y de encenderse con residuos de amor…!

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe. Uno crece cuando se planta para no retroceder…

Cuando se defiende como águilapara no dejar de volar…
Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella. Entonces… Uno Crece

Y CRECE CUANDO CREE, ESPERA Y CONFIA EN SU CREADOR!

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# Salmos 71:5
porque tú eres mi esperanza;oh Señor DIOS, tú eres mi confianza desde mi juventud.

# Proverbios 14:26
En el temor del SEÑOR hay confianza segura,y a los hijos dará refugio.

Una vida fructífera

Leer | Proverbios 3:5-12
 
Dios nos ha creado con el anhelo de saber que nuestra presencia en este mundo tiene significado. También nos diseñó para encontrar la realización de ese deseo a través de Su Hijo Jesucristo.

El centro de una vida abundante es la dependencia de Dios. Confiar en Él con todo nuestro corazón es darle el control de nuestras familias, finanzas, profesiones y todo lo demás. El pasaje de hoy enfatiza lo esencial que es la fe para una vida fructífera. Dios nos previene contra ser sabios a nuestros propios ojos, y nos advierte dos veces que no debemos apoyarnos en nuestra propia sabiduría (Pr. 3:5, 7).

Cuando enfrentamos decisiones, tendemos a recopilar informaciones y a optar por la solución que consideramos correcta. Sin embargo, no podemos conocer todos los hechos o predecir con certidumbre cómo reaccionarán los demás. Pero Dios es omnisciente. Conoce nuestros corazones y percibe todos nuestros pensamientos (1 Cr. 28:9). Ninguna parte de nuestra vida escapa a su conocimiento (Sal. 11:4), y Él se interesa por todos nosotros. Por ser Dios omnisciente, sólo Él sabe con seguridad qué decisión es la que conviene a nuestras circunstancias.

Otro aspecto de una vida abundante es reconocer a Dios en todo lo que hacemos. Hablar de Él es sólo una parte de lo que significa darle nuestro reconocimiento. Como Sus hijos, debemos tener un gran parecido a nuestro Padre celestial en pensamientos, actitudes y acciones. Nuestras prioridades deben reflejar las Suyas, y nuestros planes armonizar con Sus propósitos.

La vida se vuelve fructífera cuando nos rendimos a Dios y hacemos Su voluntad. Al dejar que Su Espíritu viva en nosotros (Gá. 2:20), nuestras vidas se caracterizarán por el gozo.

22 de enero, 2008

Obedecer a Dios

Leer | Jeremias 9:23-24
Pedro era un pescador profesional. Sabía cómo evaluar las condiciones atmosféricas, dónde encontrar los mejores sitios para pescar y cuándo ponerle fin a una noche improductiva. Por su experiencia, debió haber cuestionado en silencio la racionalidad de la instrucción de Jesús. ¿Para qué echar la red si su experimentado equipo de pescadores no había atrapado nada en toda la noche?

Dios a veces les pide a Sus hijos que actúen de maneras que parecen poco razonables. Su petición puede requerir el tener que dejar un empleo o ministerio que Él acababa de dar, aceptar más responsabilidades cuando la vida esta bastante cargada o tomar una tarea que parece más adecuada para alguien con otras capacidades. Sin embargo, por ser Dios quien lo pide, será absolutamente correcto hacerlo. Tenemos, entonces, que decidir si hacer lo que es sensato para la lógica humana, u obedecer a Dios.

La Biblia habla de muchas personas que tuvieron que tomar decisiones como esas. A Abraham se le pidió que sacrificara a su hijo Isaac. A Noé se le dijo que construyera un arca en una tierra donde nunca había llovido, porque vendría un diluvio. A Josué se le dio la estrategia bélica de marchar alrededor de la ciudad de Jericó, en vez de atacarla (Jos. 6:2-5). A Gedeón, el guerrero sin experiencia, se le dijo que despidiera a la mayoría de sus hombres antes de la batalla (Jue. 7:2, 3). Todos ellos obedecieron y experimentaron el poder de Dios a su favor.

No permita que la lógica humana le diga si debe obedecer el plan de Dios. Confíe en Él, como lo hicieron Pedro y aquellos otros fieles creyentes.

21 de enero, 2008

El gozo de la obediencia

Leer | Lucas 5:1-11

Un día común y corriente se convirtió en una aventura divina para Simón Pedro, gracias a su obediencia. Aceptó dos peticiones aparentemente insignificantes, y eso significó bendiciones para él y para otros más.

Pedro había pasado la noche como siempre –pescando– pero no había atrapado nada. Después de tan improductiva labor, estaba sin duda cansado, frustrado y dispuesto a irse a su casa. Sin embargo, Jesús le pidió que le prestara su embarcación para predicarle a la muchedumbre de personas. Pedro sabía que allí había otras embarcaciones, pero Jesús le pidió la suya, y él sabiamente aceptó.

Las peticiones de Dios pueden venir en momentos no oportunos o cuando menos las esperemos. Podemos tener la tentación de que otra persona responda, pensando que no tiene importancia quién atienda Su llamado. Pero recordemos que los planes de Dios son siempre para nuestro bien espiritual (Jer. 29:11).

La otra petición de Jesús —de que lanzara de nuevo la red— tenía que ver con el sustento de Pedro. El pescador respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lc. 5:5). La obediencia de Pedro significó redes repletas de peces. Al decir sí al plan de Dios, experimentó bendiciones tanto materiales como espirituales, que incluyó también a sus colegas y sus familias. Los beneficios fueron mayores que cualquier esfuerzo o inconveniencia de su parte.

Obedecer a Dios, incluso en aquello que nos creemos versados y capacitados para hacerlo nosotros mismos, es esencial para tener Sus recompensas y ampliarlas a otros. ¿Qué le está pidiendo a usted el Señor?

Sábado 19 de Enero de 2008
Reflexiones - Una Flor
   Una Flor
Habia una joven muy rica, que tenia todo: un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo donde le pagaban muy bien, una familia unida.

Lo extraño es que ella no conseguia conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo su tiempo y su vida estaba mal en algunas áreas. Si el trabajo consumia mucho tiempo, abandonaba a sus hijos, si surgia algun problema, ella dejaba de lado a su marido… Y asi, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para despues,

Hasta que un dia, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: una flor muy cara y rarisima, de la cual habia apenas un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo:

�Hija, esta flor te ayudara mucho mas de lo que tu te imaginas! Únicamente necesitas regarla y podarla de vez en cuando, ocacionalmente conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y las más lindas flores.�

La joven la recibio emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual. Mas el tiempo fue pasando, los problemas surgian, el trabajo consumia todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitia cuidar de la flor.

Ella llegaba a casa, miraba la flor y aun estaba ahí, no mostraba ningun signo de debilidad o muerte, siempre, linda, perfumada. Entonces ella pasaba sin prestarle mas atención.

Hasta que un dia, sin mas, la flor murio. Ella llego a casa y se llevo un susto! Estaba completamente muerta, sus raíces estaban resecas, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La Joven se hecho a llorar y le conto a su padre lo que habia acontecido.

Su padre entonces respondio:
�Imagine que eso ocurriria ,y no puedo darte otra flor, porque no existe otra igual a ella, era única, asi como tus hijos, tu marido, tus amigos y toda tu familia.

Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero debes aprender a regarlos, podarlos y dar atencion a ellos, pues asi como la flor, los sentimentos tambien mueren. Tu te acostumbraste a ver la flor viva, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. Cuida a las personas que amas!�

Y tu?… Cuidas de las bendiciones que Dios te ha dado? Proteges esa flor, pues forman parte de las bendiciones del Señor: El nos las dá, mas nosotros somos lo que debemos cuidar de ellas.

Lucas 10:41-42
�Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.�
Eclesiastés 3:1
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia.

15 de enero, 2008

La recompensa por trabajar bien

Leer | Efesios 6:5-8
Para ayudarme con el pago de mis estudios en la universidad, pasaba las vacaciones de verano trabajando en una fábrica textil. Mi tarea era en el área de blanqueo, la parte más caliente del complejo. No me gustaba el trabajo ni el calor ni el difícil jefe que tenía, y las primeras dos semanas reflejaban mi insatisfacción. Me di cuenta de que el trabajo no iba a cambiar, pero mi manera de pensar sí. Entonces decidí trabajar como si el Señor fuera mi jefe, y esa decisión hizo toda la diferencia.

El calor ya no me molestaba, el trabajo se me hizo tolerable y, lo mejor de todo, tuve muchas oportunidades de compartir mi fe porque mis compañeros notaron que yo era diferente. Cuando volví el verano siguiente, ese duro jefe me dio empleo sin vacilar. Tratar a nuestro trabajo como una extensión de nuestro servicio a Dios es lo que cambia nuestra actitud. Agradar a Dios nos motiva a hacer las cosas lo mejor posible, y eso inevitablemente se traduce en motivo de gozo para el creyente. Un trabajo puede ser difícil, frustrante o aburrido, pero podemos estar satisfechos en vez de cultivar emociones negativas.

Una actitud de siervo impacta, igualmente, a otros empleados. El servicio que se hace con gentileza y humildad capta la atención de nuestros compañeros de trabajo, lo cual, a su vez, nos da la oportunidad de ministrar a aquellos con quienes pasamos varias horas cada día.

Las recompensas del servicio entusiasta en el trabajo pueden tomar muchas formas, entre ellas una mayor satisfacción personal en nuestro trabajo y la oportunidad de ser un reflejo de Cristo para los demás. También está la gran dicha de saber que nuestro Padre celestial se siente satisfecho por lo que hacemos.

Moldeados por el gran Alfarero

Leer | Jeremías 18:1-6
Si usted ha observado alguna vez el trabajo de un alfarero, como lo hizo Jeremías en el pasaje de hoy, sabe lo maravilloso que es ver a una masa de barro convertida en una preciosa vasija. La perfecta demostración de Dios al profeta fue que la nación de Israel —al igual que toda persona desde el comienzo del mundo— fue hecha por Su mano. Todos somos, entonces, masas de barro humanas esperando el toque del gran Alfarero.

Cuando el barro es puesto en el torno, el alfarero tiene un plan específico en mente. Lo mismo pasa con nosotros; Dios ya ha determinado cómo piensa trabajar en nuestras vidas, y qué papel debemos jugar en la formación de su reino (Ef. 2:10). Él nos moldea con Sus manos para que nuestro carácter comience a parecerse al de Su Hijo Jesucristo. Cada creyente será moldeado de forma diferente para que pueda realizar el servicio que Dios desea. Pero, a pesar de nuestra diferente preparación, todos tenemos la marca de nuestro Alfarero.

Con demasiada frecuencia nos ponemos a ver los talentos y las capacidades de quienes nos rodean, y quisiéramos ser más como ellos. Pero hemos sido hechos exactamente para los propósitos que Dios tiene para nosotros, y Él no se equivoca. Si pasamos el tiempo deseando tener los talentos que no se adecuan al plan de Dios, o si nos negamos a usar los dones espirituales que Él nos ha dado, desperdiciamos Sus esfuerzos y nuestra oportunidad de servirle.

El gran Alfarero está complacido con la manera que diseñó nuestra vida, y con las capacidades que nos ha dado. Para honrar al Alfarero como debemos hacerlo las vasijas que somos, debemos someternos a ser moldeados y usados como Él quiere.

10 de enero, 2008

El gran poder de Dios

Leer | Romanos 8:28-39
Me encontraba firmando libros un día, cuando se me acercó un joven, me entregó un ejemplar y me contó una historia mientras lo autografiaba: “Me había puesto una pistola en el pecho e iba a suicidarme”, comenzó diciendo. “Pero, por alguna razón, prendí el televisor y usted estaba hablando acerca del suicidio. Después de escucharlo durante un rato, supe que el Señor me estaba hablando, bajé el arma y le entregué mi vida a Jesucristo”.

No podría contar todas las historias parecidas que he oído —alguien, en su desesperación, enciende la radio o el TV y escucha un sermón que le habla directamente a su necesidad. Yo no creo ni por un segundo que lo hice yo. Dios, que es todopoderoso, interviene en las vidas de las personas para que puedan sintonizar un programa que puede ayudarles. Además, sólo un Dios que puede controlar todas las cosas, es capaz de transformar a un joven aterrado en un servidor entusiasta y diligente —exactamente la clase de hombre que estaba parado frente a mí junto a la mesa de los libros.

El mundo habla de accidentes y de buena y mala suerte, pero todo eso implicaría que somos víctimas de las circunstancias. La verdad es que Dios es soberano y que todo el mundo está bajo Su control. Todo lo que nos sucede en la vida, ya sean bendiciones o pruebas, nos llega porque Dios lo ha permitido. Algo que Él permite es el mal, y nos preguntamos por qué no le pone fin, porque sabemos que puede hacerlo. Pero Dios tiene un propósito, y la historia ha demostrado que Él saca el bien aun de las tragedias humanas más espantosas.

9 de enero, 2008

La grandeza de Dios Una fuente de consuelo

Leer | Salmo 89:1-10

El sincero clamor de David pidiendo ayuda llena los salmos. Sus oraciones eran una mezcla de peticiones y de adoración que recordaban la grandeza, el poder y la protección de Dios. Orar con el reconocimiento de los maravillosos atributos de Dios, nos recuerda que Él tiene el poder, la sabiduría y la compasión para suplir nuestras necesidades.

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7). Dios está presente en todas partes. No está limitado por el tiempo o el espacio, lo que significa que nunca hemos tomado un respiro fuera de Su presencia. Incluso cuando nos sentimos solos o sin amigos, no lo estamos porque la presencia de Dios cubre al mundo.

“Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (Salmo 147:5). Dios lo sabe todo. Cuando nos arrodillamos para orar, Él ya está consciente de los sentimientos y de las necesidades que vamos a expresarle. Por eso, podemos estar seguros de que si le pedimos dirección, Él nos dará una guía clara si estamos sometidos a Su voluntad.

“En [Dios] no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17). El carácter de Dios es siempre el mismo. Puesto que Él será siempre fiel, confiable y misericordioso, podemos poner nuestra confianza en el Señor en cualquier circunstancia.

Cuando un creyente recuerda un atributo de Dios que responde a su necesidad, pone el foco de su oración en el Señor, no en la petición. Cuando introducimos la alabanza en nuestras oraciones, terminamos pidiendo menos, adorando mejor y recibiendo más por haber puesto el énfasis en el punto correcto.

Dar sacrificialmente

Leer | 2 Corintios 8:1-5

En la escuela primaria aprendimos cómo restar: sustraíamos y teníamos menos que al comienzo. Pero, contrariamente a las leyes de la matemática, Dios nos dice que si damos recibiremos más a cambio: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lc. 6:38).

El plan de Dios en cuanto al dar, requiere que dependamos de Su revelación, no de nuestra razón. La lógica nos dice que debemos ver antes cuánto tenemos en la cuenta bancaria antes de decidir cuánto podemos diezmar. Pero la Biblia dice que todas las riquezas son del Señor, y que debemos darle a Él los primeros frutos de nuestro trabajo (Dt. 10:14; 18:4, 5). Cuando obedecemos, confiamos en que Él cuidará de nosotros, lo que a veces significará ignorar lo que tiene lógica, humanamente hablando. Pero Dios no siempre nos da de la manera que esperamos y confiamos, sino que satisface nuestras necesidades y nos bendice de la forma que Él sabe que será lo mejor para nosotros.

Cuando enfrentamos circunstancias de tipo económico, podemos sentirnos tentados a justificar la acumulación de nuestro dinero. Pero Dios, que entiende la situación perfectamente, exige que le demos no de lo que nos sobra, sino de lo que nos falta. La iglesia de Macedonia, por ejemplo, dio con generosidad a pesar de que estaba teniendo una gran tribulación (2 Co. 8:2). Esto agradó al Señor, porque estaban dando con fe.

Pídale a Dios que le diga qué quisiera Él que usted diera, y que le dé la valentía para obedecer. Después de hacerlo, espere con gozo Sus bendiciones.