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Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos. Salmos 116.15

Jehová, Señor de la Vida:
Gracias a Ti no temo a la muerte. No temo a la muerte porque ella es la que me hará encontrarme contigo. Será ella la que me dará la entrada a tu Presencia y a Tus Moradas. No temo a la muerte porque ya he sido comprado con la Sangre Preciosa de Tu Hijo Jesucristo y el único que puede destruir mi alma en el Infierno eres Tu mi Dios. Pero Gracias Doy a Tu Nombre porque me has salvado del terrible mal de caer bajo la sombra ardiente y castigo eterno de Tu Ira. Ahora puedo ver que estimado es a tus ojos, el día en que mi cuerpo deje de respirar y mi corazón deje de latir. El día de vergüenza, dolor y horror en que mi vida dé su último suspiro. Ese día será estimado para Ti. Estimada es para Ti la muerte de tus escogidos por gracia.

¿Pero como es posible que sea estimado para ti algo tan horrible, horrendo y doloroso? Lo que pasa es que a veces pasamos desapercibido que las promesas tienen condicionales, unos amarrados a Tu Persona y otros amarrados a la nuestra por medio de la Tuya. Hay algo que no podemos pasar por alto que claramente habla de los SANTOS, no de todos los hombres.

Tu eres Dueño de la Vida. Tu la das, tu la quitas. Eso es lo maravilloso de tu Soberanía.

Tu nos creaste para vivir y el hombre escogió morir. Escogimos morir antes que vivir. Entonces la muerte se hizo una intrusa en la experiencia humana. Por esta razón comenzamos a morir desde que nacemos. Cada día es un día menos. El salmista afirma en el versículo de hoy que la muerte, por horrenda, terrible y cruel como es, puede ser estimada a tus ojos, Oh Jehová Misericordioso.

El texto es claro. Aquí se habla de la muerte de los santos. Santidad, en el sentido bíblico, no significa estar exento de pecar, sino ser hijos tuyos por medio de la sangre de Cristo, andar contigo y vivir para ti.

La experiencia de la santidad, es una experiencia de la vida diaria. Es un andar permanente. Donde Tú nos conduces, como el padre conduce a su hijo pequeño. A veces, los pasos del hijo no logran acompañar a los del padre. Puede resbalar o tropezar, pero no permanece caído, porque está fuertemente tomado del poderoso brazo del padre. Hay entre ellos una relación de amor que no se quiebra por nada.

La vida es una neblina pero la eternidad eres Tú.
Tú eres mi Padre, me compraste a precio de sangre.
¿Por qué tener miedo de la muerte? Sin muerte no hay resurrección.

Te amo Señor,
Ya mi abuelo descansa de su dolor,
Ahora queda en tus manos justas y de misericordia.
Descanso en ti, en Cristo Jesús,

AMÉN y AMÉN

Referencias:

El cáncer de mi abuelo

Masacre en Virginia Tech y el Cáncer de Mi Abuelo: Cuando la Tragedia y el Dolor Están en las Manos de Dios

Fallece Jaime Zapata - El Nuevo Día